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“…SIN MIRAR ATRÁS” 7 julio, 2014

Posted by ROBIN MARTINEZ in CLÁSICAS MUNI 2014.
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COMO LA ORDEN DE UN ENTRENADOR, ESAS FUERON LAS PALABRAS QUE ME LLEVARON A LA META DE LA PRIMERA CLÁSICA DE LA MUNI

LA FOTO DE UN FINAL FELÍZ luego de empezar una Clásica con todo en contra... Dios me puso a prueba en el terreno más duro.  Foto: Byron Arriola.

LA FOTO DE UN FINAL FELÍZ luego de empezar una Clásica con todo en contra… Dios me puso a prueba en el terreno más duro y por esa razón voy mostrando el mensaje en mi manga izquierda. Foto: Byron Arriola.

Nos dieron la oportunidad de competir… y cómo desperdiciarla.  El problema para mí era que mis proyectos personales de trabajo me habían mantenido durante tres semanas alejado de cualquier entreno donde me preparara con fondo y cadencia, solamente mis coberturas de prensa en la ciudad.

Saliendo de Sarita hacia el punto de partida en la autopista para la segunda etapa.  Foto: Byron Arriola.

Saliendo de Sarita hacia el punto de partida en la autopista para la segunda etapa. Foto: Byron Arriola.

El consuelo es que llegué a la primera de dos etapas, sin óxido en las piernas… pero con mucha voluntad y ganas de hacer ciclismo junto a todos mis amigos master.

Así se llegó la primera etapa, el sabado 28 de junio, con una largada hacia la ruta a Taxisco.  Saliendo desde el Super 24 en la autopista, pedaleamos hacia el cruce a la tierra de los quesos, pero desde el primer kilómetro de carrera tenía una sensación extraña en las piernas.

Pareciera como falta de calentamiento, así que mantuve la calma pensando que me tocaría presionarme para mantenerme dentro del pelotón durante unos minutos hasta calentar bien los motores y desarrollarme con toda normalidad en la competencia.  Cierto que nunca apuntando a ganarla, pero sí para hacer lo que gracias a Dios he logrado de terminarla dignamente.

Así llegamos al tramo que une la autopista a Puerto Quetzal con la Báscula en el inicio de la carretera a Taxisco.  En la jalada de los punteros, el grupo se partió en dos y yo a la cola del primer grupo.  Sencillamente ese primer grupito se me alejó lentamente y luego el primer ciclista del resto del pelotón; y otro, y otro, y otro hasta que lentamente todos me pasaron y yo no tenía fuerzas para pedalear más fuerte cuando sabía que tenía que hacerlo.

Con el dorsal 215 en la salida de la segunda etapa.

Con el dorsal 215 en la salida de la segunda etapa.  Foto: Byron Arriola.

Otra vez, las piernas no funcionaron como debían hacerlo… estaban desconectadas de mi voluntad.  Me quedé rezagado completamente desde el mismo banderazo de salida y mi plan de carrera automáticamente cambió.

Ya no se trataba de hacer lo mejor dentro del grupo y aguantar los ataques de los más fuertes para volver a la meta en el Super 24, sino que esperaría a que el grupo viniera de regreso para subirme en un carro de la caravana… simplemente sabía que yo no servía para estar allí y seguía pedaleando por pura dignidad y amor al ciclismo.

Fué tanto así, que me quedé abandonado del pelotón solo en compañía del motorista de la Muni que iba detrás mío, pero luego de casi media hora de pedaleo, se adelantó a buscar al pelotón.  Me quedé solo y mi paso se convirtió en un paseo en carretera, bajé la guardia completamente resignado al retiro de esta carrera.

Unos minutos después, ví que un poco atrás venía un carro escoltando a un ciclista.  Pensé que la siguiente categoría me había alcanzado y que el fugado estaba por pasarme, pero no era así.  Se trataba del ciclista  Gabriel Montúfar -dorsal 203- quien me alcanzó y se fué allí conmigo y conversamos buen rato.  Con todo y eso, me comentó que era su primera carrera de ruta, porque se dedica más que todo al ciclismo de montaña.

En la línea de salida para la segunda etapa, estoy al extremo derecho de la foto.  Foto:  Byron Arriola.

En la línea de salida para la segunda etapa, estoy al extremo derecho de la foto. Foto: Byron Arriola.

Diría que jalamos juntos un rato, pero realmente le hice ganas para acompañarlo.  Realmente iba desanimado y sin ganas de pedalear… iba triste por sentirme sin las piernas para responder desde el principio, cuando aún la palabra cansancio era posible tomar como posibilidad.  Sencillamente no era mi día y todo empezó mal.

Con el paso de los kilómetros me adelanté un poco al amigo Montúfar y poco a poco las piernas empezaron a tomar calor y yo a sentir que se me conectaban al cerebro y a la voluntad de meterle un poco más de presión al pedaleo y continuar en la ruta… porque en la carrera ya desde hacía rato que no.

En solitario encontré al pelotón cuando iba ya de regreso a Escuintla y yo avancé unos kilómetros más hacia el retorno.  Solamente logré mejorar mi ritmo de pedaleo hasta mantener un paso parejo, como un pasista que buscaba solamente reducir el tiempo del martirio que tenía por delante con un poco más de treinta kilómetros de camino a la meta.

Poco a poco fuí sintiéndome mejor físicamente, hasta que encontré a dos ciclistas.  Uno era de la categoría Master C y uno más de la Master B (en la que yo participaba), era José Estrada (con el dorsal 211), acompañado por su familia en un carro escoltándolo.

Lo alcancé y su familia muy amablemente me ofrecieron agua, me hidraté y me dispuse a trabajar con Estrada a casi diez kilómetros después del retorno hasta la meta.

Sabía muy bien que todo estaba escrito en esa carrera y que la desventaja con los primeros sería enorme, pero la cosa allí ya era de terminar la carrera y así nos mentalizamos con José Estrada.

Aquí, terminando la primera etapa... derrumbado en la general, pero agradecido con Dios por llegar a la meta.  Detrás de mí viene José Estrada.  Foto: Mauro Rodríguez.

Aquí, terminando la primera etapa… derrumbado en la general, pero agradecido con Dios por llegar a la meta. Detrás de mí viene José Estrada. Foto: Mauro Rodríguez.

Finalmente llegamos a la meta y crucé la línea apenas unos metros adelante de José, con el mismo tiempo, pero con una desventaja enorme.  Para que se formen una idea, el corredor que cruzó la meta antes que yo fué César Escobar, con un tiempo de 2:00:51 horas y yo ingresé doce minutos después con un tiempo de 2:12:51.  Esa etapa la ganó Julio Cirici cronometrando 1:42:55; echen pluma… 30:04 minutos antes que yo!!

LA SEGUNDA ETAPA, LA DEL DESQUITE

Sabía que no podía haber dos malas jornadas seguidas y así llegué a Sarita el domingo 29 para la segunda etapa.  Totalmente positivo y dispuesto a hacer una buena carrera, salimos desde Sarita en la autopista para enfilarnos a la carretera a Masagua.

Nuestro retorno, para la categoría Master B, estaba en el kilómetro 82 porque nos esperaban los ascensos a Sarita y luego al Autódromo Pedro Cofiño, donde estaría la meta.

Todo fué muy bien.  Estuve dentro del pelotón, buenos ataques, buena defensa del lugar, bien ubicado e hidratado.  Faltando 14 kilómetros para la meta, aún en los planes de la carretera a puerto San José, mi pedaleo rindió trituto al cansancio y la falta de entreno y solté al pelotón en el kilómetro 63 de carretera, a tres  de llegar a la autopista Palín Escuintla para subir a Sarita.

Desde que dejé el pelotón me mantuve positivo.  No me desgané para nada y me dediqué a mantener mi paso tanto en plan como en el inicio de la cuesta hacia Sarita.  Cuando llegué a la recta que termina en la cuesta de Mauricio, aún podía ver a los últimos del pelotón terminar la subida; el grupo ya no lo tenía a la vista y faltaba -no tanto- pero sí tupido por la cuesta.

Justo en la cuesta de Mauricio alcancé a Byron Paiz (Deluxe Optical) y lo pasé.  Unos dos kilómetros más adelante, ya en subiendo a Sarita, me rebasó en compañía de otro ciclista, creo que del Master A y realmente llevaban buen paso; era evidente que Paiz se recuperó y subió muy bien, se me fueron los dos.

PEDÍ AUXILIO CON UNA ORACIÓN POR KILÓMETROS

No me desanimé.  Tampoco bajé el paso.  Poco a poco fuí reduciendo ventaja con otros ciclistas y al primero que encontré creo que fué a César Cerón; lo pasé y continué subiendo.  Las piernas me empezaron a doler y las sentía cansadas cuando casi iba llegando a Sarita… empecé a preocuparme por si soportaría o no subir hasta el Autódromo.  Volteaba a ver atrás a cada rato, sentía que César Cerón y Hoffman Castillo me estaban alcanzando y que mis fuerzas mermarían ante el paso de ellos; ver a Paiz rebasarme, luego que yo lo había dejado a él, me destrozó la moral y sentía que me había acabado… que solo faltaba bajarme de la bicicleta.

Empecé a orar.  No me quedaba otra… alcancé a Hoffman Castillo (Z Gas) y de inmediato sentí temor que tanto Hoffman como César se recuperaran y me rebasaran en lo que quedaba de montaña… tuve temor y desconfié de mí mismo.

En la plática que mantuve con Dios cuando subía, le dije que estaba cansado y que ya no aguantaba.  “Dame las fuerzas por favor… glorifícate tú sacándome de aquí porque yo con mis piernas ya no puedo.  Yo sé que solo tú me vas a ayudar a cruzar la meta y me vas a dar las fuerzas para subir como me has permitido otras tantas veces… todo lo puedo en Cristo que me fortalece…!”.

Por increíble que les parezca, terminando de orar iba a voltear a ver qué tan cerca traía a Hoffman y a Cerón, sentí una voz en mi corazón (así tan claramente como si me hubieran susurrado al oído) y las palabras fueron “aaaa… sin mirar atrás…!!”

Comprendí que era la prueba de esta carrera.  Le había dicho y declarado a Dios que solo El podía hacerme terminar la carrera y que subir allí era algo que solo podía confiar que sus fuerzas me harían lograr y no las mías, aunque sus fuerzas se manifiesten en mis piernas.  Sabía que me estaba diciendo que si realmente confiaba en El, no tenía que preocuparme por voltear a ver si me alcanzaban… porque una vez El me respaldaba… nadie más me iba a dar alcance hasta la meta.

Decidí no ver más hacia atrás y confié en El.  Créanme… así lo hice y no dije más una palabra pesimista, sino un gracias Padre una y otra vez, porque sentía las piernas frescas y cargadísimas de ganas hasta que por fín ví la última curva donde unos metros después estaba la meta.

Crucé la meta con un tiempo de 2:01:50 horas.  No sabía que el último ciclista que pasé subiendo fué a Rodrigo Morales (Rótulos Monroy) quien ingresó 6:42 minutos despues que yo.

Esta segunda etapa la ganó nuevamente Julio Cirici  (Hino) con tiempo de 1:46:45 horas, llegué 14:04 minutos después; el ciclista que cruzó la meta antes que yo fué Oscar Coyoy 1:57:57 horas, apenas 3:13 minutos antes que yo.  Realmente las diferencias de tiempo en esta segunda etapa fueron enormes, prácticamente la mitad de tiempo de diferencia con la etapa del sabado.  Subí muy bien, para haberme rezagado y sin entrenar, creo que defendí las ganas y comprobé que confiar en Dios cuando las fuerzas se te han ido… es lo mejor que podemos hacer.

LA GENERAL DE LA PRIMERA CLÁSICA DE LA MUNI

De 38 ciclistas que tomamos la salida de la primera etapa, en la categoría Master B, 23 terminamos la Clásica, y fué Julio Cirici quien ganó la prueba con un tiempo acumulado de 3:29:40 horas.

Quedé finalmente en la posición 22, con 4:14:40 horas, superando solamente a José Estrada (211) que completó la carrera con 4:31:23 horas.

De quienes no compeltaron la prueba, algunos no tomaron la salida de la segunda etapa por compromisos de trabajo, otros por pinchazos y algunos otros por desgaste físico.  Gracias a Dios tuve la oportunidad de estar libre los dos días para competir y de no sufrir ningún percance mecánico en las dos etapas… a esto, súmenle ustedes la dicha de poder compartir este testimonio y decir que fué Dios quien me guió y fortaleció en el camino más duro, aunque a mí me correspondía la parte de trabajar… sin dejar de pedalear.

A DIOS SEA LA GLORIA…!

 

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