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CONQUISTAMOS LAS 24 HORAS 11 marzo, 2016

Posted by ROBIN MARTINEZ in PURA INSPIRACIÓN!!.
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“VUELTA POR LA VIDA” LOGRÓ MÁS QUE RECAUDAR FONDOS PARA UN MAMÓGRAFO, PUES ROMPIENDO REGLAS… ROMPIMOS MIEDOS

YO DE ROSADO rodeado de mi equipo de ciclistas: Julio Illescas, Eduardo Rodríguez, Ubaldo Alvarez y Mayra Vaides en el Parque Central de Villa Nueva, antes de iniciar las 24 horas en bicicleta contra el Cáncer.

YO DE ROSADO, al centro de la fotografía, rodeado de mi equipo de ciclistas: Julio Illescas, Eduardo Rodríguez, Ubaldo Alvarez y Mayra Vaides en el Parque Central de Villa Nueva, antes de iniciar las 24 horas en bicicleta contra el Cáncer.

Ese día, el sábado 5 de marzo, los nervios por la espera eran evidentes desde nuestra llegada al Parque Central de  Villa Nueva donde partiríamos en bicicleta las 24 horas contra el cáncer… Vuelta por la Vida sería toda una realidad luego de meses de preparación logística y preparación física.

Esos nervios pasaron desde que me subí a la bicicleta acompañado por Ubaldo Alvarez, Julio Illescas, Mayra Vaides y Eduardo Rodríguez e iniciamos esta aventura histórica por una causa benéfica o social, lograr establecer una marca de pedaleo durante 24 horas y permanecer en el mejor esfuerzo hasta lograrlo.  Pero no se trataba de un récord deportivo sino atraer el interés de las personas hacia la recaudación de fondos para un mamógrafo digital que necesita la Liga Nacional contra el Cáncer.

Ninguno de nosotros había realizado tal actividad anteriormente, salvo las travesías tradicionales que como ciclistas vivimos, como las de Esquipulas y Cobán, por ejemplo.  Eventos que nos permitieron experimentar horas de pedaleo y kilómetros de experiencia… pero nada como esto.  Eran 24 horas las que teníamos frente a nosotros y un gran compromiso con la lucha contra el cáncer.

LA HISTORIA DE 24 HORAS

Así fué como a la una de la tarde de ese sábado salimos desde el Parque Central de Villa Nueva hacia la carretera al Pacífico, y lo primero que encontramos fué el ascenso de la cuesta de La Sonora como para empezar a calentar las piernas.  Fué emocionante ver como algunas personas ya estaban a la orilla de la carretera esperando a vernos pasar y nos aplaudían; otros pasaban bocinando desde sus carros a nuestro lado animándonos y hubo alguien por allí que nos gritó “gracias!!”.

Los kilómetros fueron acumulándose y al llegar a Amatitlán hicimos una pausa para el primer cambio de uniforme, pues se veía en el panorama hacia el sur que la lluvia nos esperaba y, en ese lugar, nos alcanzaron dos jovencitos en sus bicicletas montañesas para acompañarnos.  Durante el plan de Palín conversé con ellos por un momento y no recuerdo sus nombres, pero el hecho de saber que llegaron a Villa Nueva y que no nos habían encontrado… y que salieron en su carro a buscarnos… vaya si no era motivante lo que habían hecho para encontrarnos.

En la autopista Palín-Escuintla la lluvia nos compañó en el trayecto de ida hacia Santa Lucía Cotzumalguapa.

En la autopista Palín-Escuintla la lluvia nos compañó en el trayecto de ida hacia Santa Lucía Cotzumalguapa.

La lluvia nos acompañó desde aproximadamente tres kilómetros antes del Peaje Norte de la Autopista Palín-Escuintla e iniciamos el descenso hacia Escuintla con mucho cuidado, con velocidad reducida para evitar algún tipo de percance.  En esos casi veinte kilómetros de bajada, y con lluvia, las manos siempre ajustando ambos frenos me dolían conforme el tiempo pasaba; y es que con la lluvia la temperatura tiende a bajar, llevar las manos tensas con los frenos apretados y los brazos semi doblados me cansaron bastante.

La visibilidad era muy limitada por la acumulación de aguan en los lentes… total, era una serie de elementos que provocaron el primer retraso en la agenda de la jornada.  El plan original era llegar a Santa Lucía Cotzumalguapa a las cuatro de la tarde y era evidente que con lluvia no podríamos descender a 65 kilómetros por hora como lo esperaba.  Bajamos a 30-35 por hora.

Aún con lo poco que se podía ver por el agua y lo nublado, mientras nos acercabamos al sector de Sarita en la Autopista pude ver a lo lejos un camión estacionado a un lado de la carretera; lo pude ver por la carrocería blanca cuando veo que empezaron a aparecer varios ciclistas… eran amigos ciclistas de Santa Lucía que se habían organizado y en ese camión llegaron al lugar para esperarnos!!

Estuvieron pacientemente esperándonos bajo la lluvia… que cosa más grande!!  Allí paramos, nos saludamos con abrazos y luego iniciamos el recorrido juntos hacia Santa Lucía.  A nuestro paso por Siquinalá encontramos ya un clima seco pero nublado; esto nos permitió una temperatura digamos cómoda para pedalear a un ritmo de 28 a 30 kilómetros por hora.  Llegando a Siquinalá todo el tráfico de regreso era una fila interminable de carros y camiones de casi dos kilómetros… ninguno se movía.

Parte del grupo en camino a Santa Lucía.

Parte del grupo en camino a Santa Lucía.

Los amigos de Santa Lucía nos llevaron a recorrer algunas calles de la localidad e hicimos una pausa en la salida para hidratarnos y tomarnos una foto de recuerdo.  Allí mismo también resolvimos como equipo que el regreso por Siquinalá no era posible con el embotellamiento que habíamos encontrado unos minutos antes, así que tomamos la decisión de regresar por la autopista y esto nos haría recorrer más kilómetros, representando también más tiempo de retraso hacia nuestro próximo punto de agenda que era Masagua.

En ese trayecto el sol se fué ocultando y, cuando la noche llegó, Mayra, Ubaldo y Eduardo hicieron su descanso, quedando Julio conmigo en el pedaleo hacia Masagua logrando llegar a un promedio de velocidad de 30 a 32 kilómetros por hora.

Llegamos en completa oscuridad, solo ayudados por la luz de los carros de la caravana.  Eran casi las 8 de la noche.  Allí una nueva pausa para un masaje de descarga e hidratación.

LOS AMIGOS DE SANTA LUCÍA Cotzumalguapa y de Siquinalá que nos llegaron a esperar a Escuintla, posando todos juntos en esta foto de recuerdo.

LOS AMIGOS DE SANTA LUCÍA Cotzumalguapa y de Siquinalá que nos llegaron a esperar a Escuintla, posando todos juntos en esta foto de recuerdo.

De masagua salimos junto a Ubaldo y Julio y en los primeros kilómetros de ese camino hacia Amatitlán la lluvia se hizo presente y ahora con más intensidad.  Pasamos Escuintla por la Autopista y directo hacia la cuesta del peaje.

Que sensación tan extraña pedalear bajo la lluvia, de noche y con tantos kilómetros en la espalda; sabía que íbamos retrasados, pero con la consigna de no estresarnos por ese aspecto para no afectar el pedaleo.  Ubaldo se subió al carro poco después de pasar el Peaje; nos indicó que se uniría nuevamente al llegar a Palín, y seguimos junto a Julio por el resto de la subida hasta ese punto.

Debo reconocer que Julio Illescas en un hombre muy fuerte en la montaña, y me costó  bastante mantenerme al ritmo de pedaleo que traía pero logré rodar allí a su lado y por momentos íbamos uno a la par del otro, a veces jalaba yo, a veces jalaba él.

Era como trabajar juntos para mantener el mismo ritmo de pedaleo o la misma velocidad en todo el terreno inclinado por esos largos kilómetros… realmente sentí que eran kilómetros alargados.  Aquí ya el frío en las rodillas, generado por la lluvia, me provocó cierto dolor en las rodillas y me costaba pararme sobre los pedales para recuperar paso, pero tocaba soportarlo ya que no era ni tiempo ni lugar para bajarme de la bicicleta.  Yo no había venido para rendirme.

Tal como lo había anunciado, Ubaldo Alvarez se unió nuevamente al pedaleo iniciando los planes de Palín y juntos llegamos en un promedio de veinte minutos a Amatitlán, donde hicimos una pausa para cenar, para descarga muscular, hidratación y cambio de ropa, ya que llegamos con los uniformes mojados por la lluvia de Masagua y nos esperaba una subida hacia un clima frío y con posible lluvia por Villa Nueva o incluso en la ciudad de Guatemala.  Una llamada telefónica nos había informado que llovía en Guatemala durante la noche y las posibilidades de mojarnos eran altas.

Tras el descanso para comer, nuevamente dos salimos a pedalear; Julio Illescas conmigo.  Un problema mecánico en la bicicleta de Julio nos quitó unos minutos aún el las calles amatitlanecas y esto no fué lo único que le sucedió a Julio, pues en el camino de Siquinalá había pinchado ya una vez.

Aunque renovado físicamente por la cena y el masaje de descarga muscular, mis piernas ya sentían el trabajo de diez horas pedaleando; lo único que me ayudaba a subir junto a Julio Illescas en la cuesta de Naciones Unidas hacia Villa Nueva, era que es un camino que conozco muy bien en cada curva y sabía cuanto faltaba de camino hacia arriba.  Es más… comentamos con Julio que sentimos la subida como un trayecto más corto de lo que esperabamos.

Ya en Villa Nueva, el problema mecánico lo tuve yo cuando la cadena se me cayó de la multiplicadora; Julio iba adelante mío y no se dió cuenta del problema y siguió hacia  bajar la cuesta de La Sonora; yo me rezagué cosa de un minuto y seguí mi camino.

Jorge Vela, paramédico de Respuesta Vital, revisa el estado de salud de Mayra Vaides en la madrugada del domingo 6 de marzo. Este apoyo lo recibimos todos los ciclistas integrantes del equipo.

Jorge Vela, paramédico de Respuesta Vital, revisa el estado de salud de Mayra Vaides en la madrugada del domingo 6 de marzo. Este apoyo lo recibimos todos los ciclistas integrantes del equipo.

Perdí de vista a Julio.  Cuando pasé el puente de ingreso a Villa Nueva, en el kilómetro quince de la carretera, bajé la cuesta que conocemos como la de Pio Lindo y desde allí divisé a Julio al pie de la cuesta de Villa Lobos, logrando reducir la diferencia a unos doscientos metros de él cuando ya era la mitad de la cuesta de ingreso a la ciudad de Guatemala.  Eran ya los primeros minutos del domingo 6 de marzo.

LOS CIRCUITOS URBANOS

Terminando la cuesta de Villalobos, lo más duro -en cuanto a terreno- había pasado y tocaba lo más difícil que era lidiar con las horas de sueño, pues la madrugada había iniciado.

No es lo mismo pedalear durante el día que hacerlo cuando el cuerpo supone que lo pondrás a descansar para dormir.  Tras ingresar a la ciudad con dos horas de retraso, lo primero fué acudir a la cita con Jorge Palma, el paramédico de Respuesta Vital que tomaría los controles de nuestro estado de salud tras ya casi doce horas de pedaleo.  Con el pasamos los cinco ciclistas y gracias a Dios todo normal, así que seguimos directo hacia la avenida Petapa ya dedicados a cumplir la agenda conforme los horarios de la madrugada lo indicaban.

LAS HORAS MÁS DIFÍCILES

Lo cumplimos paso a paso y todo iba bien hasta el circuito de las 5:00 de la mañana del domingo en Avenida Las Américas.  Allí tuve ciertos momentos donde el sueño quería dominarme e incluso en algunas ocasiones casi me salgo del carril rojo de Américas, la pista para práctica de ciclismo en el lugar; en dos ocasiones casi topo con la bicicleta de Ubaldo por ir pedaleando detrás de el y  Julio, así que opté por quedarme unos metros más atrás y luchar por permanecer lo más despierto posible.

El cambio hacia Reforma, a las 6:00 horas del domingo, me ayudó a reactivarme y pude pedalear mejor.

Pero las horas más difíciles fueron las últimas tres desde las 11:00 en el circuito de Jardines de la Asunción, pues esa hora la sentí larguísima y me llegó una desesperación más que cansancio físico, pero lo que me elevó la inspiración al máximo fué ver a mi madre parada a un lado del camino aplaudiendo cuando nos vió pasar.  Mi viejita fué el detonante para decidir tomar las fuerzas para lo que faltaba que ya era poco… apenas dos horas y media.

De esto era solo el circuito en Próceres y el de Liberación-Trébol lo que nos faltaba.  Próceres lo sentí largo… una hora interminable ya con el sol del medio día sobre nuestras cabezas, luego pasamos al circuito de Liberación, con quince minutos por vuelta, nos quedaban cuatro vueltas para completar el reto.

ASEGURANDO LA HORA 24

A las 12:00 horas del domingo 6 de marzo iniciamos el último circuito, en Liberación-Trébol.

A las 12:00 horas del domingo 6 de marzo iniciamos el último circuito, en Liberación-Trébol.

Cuando llevábamos tres circunvalaciones al circuito Liberación-Trébol, se me informó que faltaban quince minutos para la una de la tarde y que era hora de partir hacia Plaza Berlín.

Según nuestro control junto a Julio, quince minutos era el promedio por vuelta en ese tramo, así que decidí dar una vuelta más para no arriesgarnos a llegar antes de la una de la tarde y seguimos.

Casi terminando la cuarta vuelta, pasando frente a los arcos del ingreso al bulevar del Aeropuerto, Julio Illescas me dijo “ya es la una de la tarde vos…!” y contentos nos dimos un choque de manos sabiendo que hasta allí las 24 horas estaban aseguradas y fué entonces cuando enfilamos con todo el equipo por la quince avenida y por avenida Hincapié hacia Plaza Berlín para cerrar con la caída de la bandera a cuadros.

Lo que hay que mencionar… que en trece minutos llegamos desde Liberación a Plaza Berlín.

12636963_10208090696766601_1158315461_oLOS NÚMEROS DE LAS 24 HORAS DE “VUELTA POR LA VIDA”

Si hacemos un resúmen de esta pedaleada quedaría de la siguiente manera:  5 Ciclistas, 7 pinchazos, 2 horas de retraso, 2 lluvias intensas, 3 cambios de ropa, 345 kilómetros recorridos y 5 historias nuevas que contar.  Pedaleamos por 24 horas 13 minutos.

CICLISTAS REBELDES CONTRA LOS MIEDOS

LOS CINCO que salimos, los cinco volvimos con bien después de alcanzar exitosamente las 24 hora en bicicleta contra el cáncer.

LOS CINCO que salimos, los cinco volvimos con bien después de alcanzar exitosamente las 24 hora en bicicleta contra el cáncer.

El proceso de Vuelta por la Vida, con la pedaleada de 24 horas, tuvo un inicio difícil con comentarios adversos a la capacidad física que se pudiera tener de soportar tanto tiempo sin dormir en esta aventura.

Se mencionaron cosas como dormir una hora porque no aguantaría, que podría colapsar, que a la media noche me subiría al carro, que ni siquiera un ciclista élite lo soportaría… en fin, tantas cosas que mi mente y mi corazón no aceptaron.

Algo muy similar sucedió en cada uno de mis amigos del equipo de ciclistas que me apoyaron a cumplir la meta de las 24 horas, cosas que les comparto a continuación uno por uno:

Mayra Vaides (53 años): Desde el inicio del recorrido, saliendo de Villa Nueva, reconoció su gran temor en el descenso por la autopista de Naciones Unidas hacia Amatitlán.  La muerte de un ciclista amigo en este sector marcaron a Mayra quien se había prometido a ella misma que nunca bajaría por este lugar… hoy se dió el reto propio de empezar venciendo este temor y lo logró.

Al finalizar las 24 horas me comentó “ustedes me hicieron hacer cosas que no me atrevía… de verdad que sí se puede”.

Eduardo Rodríguez (49 años):  Me dijo en una llamada telefónica “mirá Robin, no tengo mucho entreno, pero tengo en mi corazón un gran deseo de aportar y quiero ir… aunque me quedan pocos días para salir, pero voy a entrenar duro el tiempo que queda”.

Eduardo fué el primero en responder a mi convocatoria en Facebook para reunir este equipo y su disposición fué lo más importante para pedalear más allá de lo que él mismo esperaba.

Ubaldo Alvarez (66 años):  Con experiencia de años y Vueltas a Guatemala, Ubaldo es un maestro en el conocimiento del ciclismo; personas como él son inspiración para pedalear, pues su preparación personal le ha llevado a travesías como las de Esquipulas y Cobán por años, pero se demostró a el mismo que los retos máximos como este… siempre están a tiempo de ser incluídos en una hoja de vida.

Ubaldo fué muy reservado en cuanto a las espectativas de este reto cuando nos reunimos días antes de la hora cero… pero su aporte, y el de cada uno del equipo, fué clave para que los miedos en nosotros fueran vencidos.

Julio Illescas (53 años):  Uno de los hombres fuertes de Asomaster, corredor de Vueltas a Guatemala y Seleccionado Nacional para Juegos Olímpicos, aceptó unirse al reto siendo parte del equipo de apoyo y hacer los relevos de dos horas.  El motivo de Vuelta por la Vida, conocer los contras que se me anunciaron de que no soportaría hasta el final, lo motivaron a no subirse al carro desde el primer turno.

Julio tomó el reto y decidió acompañarme en todo el camino, fué mi compañía durante el 100% del camino y juntos completamos las 24 horas en bicicleta contra el cáncer.  “Tenía mis reservas de lo que pasara después de la una de la mañana… pero gracias a Dios sí pude” me dijo Julio muy contento cuando llegamos a Plaza Berlín.

Si algo me llena de positivo orgullo, es que este primer registro de 24 horas, logrado en Guatemala, fué logrado por un equipo de Ciclistas Master (veteranos) integrantes de Asomaster.  No se trata que pedalear 24 horas sea algo imposible; difícil y duro sí, pero cuando se da la cara a los temores, a la adversidad y se pone el corazón por una causa social, todo está en atreverse a dar el primer paso.

Con 47 años de edad, soy el más joven del equipo y me siento honrado de haber sido acompañado de estos cuatro ciclistas valientes y dispuestos a dar lo mejor de cada uno en cada pedalazo y, aunque no se trató nunca de una competencia o de ver quién puede más, reconozco el trabajo de cada uno de ellos.  El solo hecho de verlos allí, motiva a cualquiera.  Que Dios los bendiga siempre.

PONIENDO NUESTRO MEJOR ESFUERZO

CON MI MADRE en la meta de las 24 horas en Plaza Berlín. Su aparición en el circuito de Jardínes me dió el segundo aire justo cuando era la hora que más sufrí. A ella le dedico lo que personalmente pude lograr... a Dios sea la gloria.

CON MI MADRE en la meta de las 24 horas en Plaza Berlín, siendo saludada por la Dra. Vicky de Falla, Presidenta de la Liga Nacional contra el Cáncer. Encontrar a mi madre en el circuito de Jardínes me dió el segundo aire justo cuando era la hora que más sufrí. A ella le dedico lo que personalmente pude lograr… a Dios sea la gloria.

Estas 24 horas pedaleando contra el cáncer, como parte de “Vuelta por la Vida” fueron nuestro aporte para motivar a los guatemaltecos para aportar en beneficio de la Liga Nacional contra el Cáncer que necesita adquirir un mamógrafo digital.

Sé que esto no quedará hasta aquí, el proceso no ha terminado y confío en la buena voluntad de los chapines en apoyar una causa como esta.  Hoy los ciclistas pusimos nuestro mejor esfuerzo pedaleando, cada guatemalteco puede hacer la otra parte y una gran diferencia aportando diez quetzales en la cuenta de la Liga Contra el Cáncer y juntos recaudar lo necesario para un mamógrafo que diagnostique a tiempo un cáncer y se puedan salvar más vidas.

VÉALO EN VIDEO

Les comparto un corto video de la llegada al final de las 24 horas contra el cáncer, la meta ubicada en la Plaza Berlin el domingo 6 de marzo de 2016.

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Comentarios»

1. jose morales - 11 marzo, 2016

feicitaciones……es admirable lo que se puede hacer con la gran voluntad….algun dia talves pueda participar en alguna causa….


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