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GRANDES LOS 222 KILÓMETROS..!! 25 enero, 2016

Posted by ROBIN MARTINEZ in PURA INSPIRACIÓN!!.
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PORTADA NOTA

LOS PRIMEROS KILÓMETROS hacia Esquipulas fueron fríos; saliendo a las 5:30 de la mañana era normal… pero no era nada con lo que nos esperaba en la meta final.

MI TERCER RECORRIDO A ESQUIPULAS NO FUÉ FÁCIL, PERO LOGRÉ COMPLETARLO DE LA FORMA QUE SOÑABA.  COMO DEBÍA SER

SAM_4020Si bien la Travesía a Esquipulas era eso, una travesía y no una competencia, muchos amigos me desearon éxito en la carrera… y los buenos deseos fueron como una bendición declarada para lograr mi sueño de superar la prueba, siendo esta en 2016, la que mejor he logrado.

Sonaron las campanas de la Catedral Metropolitana a las 5:30 horas del sábado 23 de enero y el pelotón principal de la 44a. edición de la Travesía Ciclista a Esquipulas salió con un concierto de cohetillos que rompió el silencio de la madrugada… todos encabezados por don Rubén López quien desde hace más de treinta años organiza la actividad.

Allí recorrimos por la Calle Martí iluminados solo por las luces de los carros de la caravana hacia la carretera al Atlántico y emprendimos el descenso por la cuesta de La Eterna hacia el puente Agua Caliente aún con los primeros rayos de sol, que nos mostraban poco a poco el camino, manteniéndose el grupo prácticamente compacto hasta inciar el ascenso al pie del puente ubicado a treinta kilómetros de la ciudad de Guatemala.  Un pelotón grande que incluía ciclistas que viajaron pedaleando desde Huehuetenango y otros que vinieron desde Puerto Barrios y de El Salvador para unirse a esta actividad.

PRIMER DESCANSO, PRIMER PINCHAZO

EN SANARATE

LOS PRIMEROS KILÓMETROS hacia Esquipulas fueron fríos; saliendo a las 5:30 de la mañana era normal… pero no era nada con lo que nos esperaba en la meta final.

Cuando faltaba poco más de un kilómetro para el primer descanso de hidratación, en Sanarate tuve el primer pinchazo, pero me detuve un minuto para solo ajustar la presión de la llanta, porque aún aguantaba rodar sin mayor problema, pero bajando drásticamente la velocidad, así que llegué a Sanarate aproximadamente a 10 kilómetros por hora.  Allí hice cambio de tuvo delantero, comí algo y seguimos todos la marcha hacia el siguiente punto del recorrido que sería en Longarone, kilómetro 126 de la travesía.

Allí sería un descanso de una hora para almorzar, estimando llegar a las 11:00 horas… pero el ritmo impuesto por el grupo era tan intenso y parejo que logramos llegar a las 10:30 horas.  Nos adelantamos media hora.

Desde Sanarate, el panorama del clima a algunos nos preocupó, porque en el horizonte se apreciaba una gran nube gris evidencia de frío; no había sol como estamos acostumbrados a vivir en el oriente del país y por eso todos dispusimos dejar guardados los suéteres y seguir, a partir de Sanarate, liberados de peso y calor pues esperabamos altas temperaturas en el resto del camino.

A una velocidad promedio de 30-32 kilómetros por hora, el paisaje iba cambiando; cada vez menos vegetación y, aunque no hacía calor, frío no había tampoco.  El asfalto realmente en pésimas condiciones por tramos y una gran cantidad de vehículos en la carretera, principalmente transporte pesado y buses extraurbanos.  Debo reconocer -y agradecer- que la mayoría de conductores de carros particulares nos apoyaron en el recorrido al bajar su velocidad y permitirnos recorrer sin sonar sus bocinas y cuando rebasaban al grupo lo hacían bocinando con “porras”… muchas gracias!!

Todos íbamos concentrados en lo que hacíamos; por ratos conversando con el ciclista que teníamos al lado, otros contando chistes y algunos no decían palabra talvéz por ahorrar fuerzas y aire pensando en los kilómetros que nos faltaban por recorrer.

LONGARONE ANTES DE LO PROGRAMADO

LONGARONE ALMORZANDO

Almorzando en Longarone, donde hubo descanso de una hora.

Tras nuestro paso por Guastatoya, con una carretera llena de repechos y pendientes cortas, los planes empezando terreno zacapaneco fueron un leve descanso para la mayoría y fué apropiado para emparejar el ritmo y enfilarnos en el largo tramo carretero hasta hotel Longarone para darle combustible al cuerpo y descansar “la máquina”.

Cuando llegamos a este punto, podíamos decir que el 50% del camino estaba hecho… pero se venía lo más duro.

11:30 horas, don Rubén López dió la orden de salida y la segunda parte de esta historia empezaba.  Era como despertar nuevamente al cuerpo que tras la comida y el descanso había bajado revoluciones; yo personalmente hasta sueño tenía cuando llevábamos los primeros kilómetros después de almorzar, pero era cuestión de tiempo pedaleando para entrar el calor nuevamente, y así fué.

Para las 12:10 estabamos dejando la carretera al Atlántico para tomar la ruta hacia Chiquimula.  Aproximadamente quince minutos teníamos de recorrer en ese tramo, cuando un nuevo pinchazo me hizo rezagarme del pelotón.  Resolviendo la situación estimaba estar a veinte minutos detrás de ellos, y me tocó recorrer un buen tramo a mi propio ritmo, esperando todavía encontrarlos en lo último del siguiente descanso que era en la entrada a Ipala.

Llegando a la Cuesta del Ingeniero, empecé a alcanzar a algunos ciclistas.  Fueron pocos talvéz unos 6 u 8, los kilómetros de subida en ese lugar caluroso son duros, pero Dios me permitió las fuerzas para mantener un ritmo de pedaleo parejo y sacar la tarea en aproximadamente 25 minutos y luego tomar el descenso hacia Chiquimula, donde ya habría recorrido 165 kilómetros de este compromiso.

IPALA, CON DON RUBEN

UNA FOTO IMPORTANTE que no podía obviar, con don Rubén López en Ipala.

LLEGANDO A IPALA EN SOLITARIO

Tras bastante tiempo pedaleando en solitario, llegué al punto de descanso en Ipala.  Allí estaban ellos todavía; de un descanso de treinta minutos, logré todavía quince con ellos y suficiente para hidratarme y comer algo de fruta.  Ya de allí emprendimos el camino al siguiente punto que la agenda tenía y era el Quetzaltepeque aproximadamente a 25 kilómetros de allí.

Dirán algunos “por qué otro puesto de descanso en un lugar tan cercano?”  porque esos veintitantos kilómetros incluyen una cuesta tendida con varios repechos durísimos, casi sin descanso.  Realmente hay que vivir la experiencia de pedalear por esa carretera para saber que de verdad es necesario parar en Quetzaltepeque antes de subir los últimos veinte kilómetros hasta la Cumbre de Esquipulas.

Llegando a Quetzaltepeque, muchos ya habían sufrido calambres.  Yo padecí molestias de agruras fuertes que me hicieron dejar el grupo principal a unos dos kilómetros antes de este nuevo punto de descanso, por eso al llegar a la gasolinera pedí algo de comer y eliminar la molestia que sentía.

LA ÚLTIMA ESCALADA… A LA CUMBRE DE ESQUIPULAS

209

UNA FOTO COMO TROFEO. El dato importante de esta imágen, cuando subiendo hacia la Cumbre de Esquipulas lograba 209 kilómetros recorridos marcados con la flecha amarilla a la derecha de la foto.

Allí en Quetzaltepeque el frío ya empezaba a notarse más.  El cielo hacia la Cumbre era oscurísimo y anunciaba unas temperaturas bajísimas, así que poco a poco los ciclistas fueron saliendo conforme sus fuerzas se iban recuperando.  Ya no se salió a la orden de don Rubén, que aún descansaba un rato en el microbús con que lo acompañó su familia todo el tiempo.  Era justo y necesario para él.

SAM_4043

LOS PRIMEROS KILÓMETROS hacia Esquipulas fueron fríos; saliendo a las 5:30 de la mañana era normal… pero no era nada con lo que nos esperaba en la meta final.

Cuando dispuse tomar salida en el último tramo de la Travesía, quedaban pocos.  Yo terminé mi comida y me enfilé hacia la última escalada, siendo casi de los últimos en salir de Quetzaltepeque.  Salí abrigado para no sufrir con el frío, y en el camino empecé nuevamente a encontrar ciclistas que subían a paso lento, pero seguro.

Nadie quería quemar sus fuerzas en estos kilómetros que son los más largos de todo el recorrido desde la capital… o así se sienten.  Todos miden lo mismo, pero sentimos una eternidad entre un kilómetro y otro; para este punto todos, pero todos, llevábamos ya 195 kilómetros entre la espalda y las piernas, el cansancio ya estaba pasando factura a cada uno por nombre.

En el trayecto de la subida a la Cumbre, encontré a don Rubén, asombroso verlo a sus años subiendo con valentía y dando el ejemplo a todos los ciclistas con una perseverancia envidiable.  Me mantuve con el por unos minutos y luego se quedó atrás; el viento empezó a hacerse cada vez más fuerte, los últimos rayos de sol terminaron y solo quedaba de luz lo poco que el cielo nos reflejaba.

Cada vez hacía más frío, al extremo que mi respiración se hacía hasta dificultosa, pero contaba con las porras de muchas familias de ciclistas que se colocaron a lo largo de la carretera para darnos ánimos.  “Vamos, ya falta poco..!!” era lo que generalmente nos gritaban mientras aplaudían.  Muchos ofrecían agua y fruta, era realmente emocionante y daban hasta ganas de parar para abrazarlos de darles las gracias por estar allí.

Los brazos se me sacudían por el temblor causado por el frío, pero no fué nada comparado con lo que metros más arriba nos esperaba: vientos fuertísimos y más frío todavía.

Para no hacer tan larga la historia, quiero compartirles que el punto más crítico fué llegando a la cumbre de la montaña.  Vientos tan fuertes, y de frente, que casi me llevan directo a la cuneta; tuve que liberar mi pie izquierdo del pedal para casi detenerme porque perdí el equilibrio debido a la fuerza del viento; una temperatura tan baja que perdía la concentración y me costaba respirar… me asusté!!

El descenso hacia el Mirador fué difícil para tomar las curvas por lo menos a cuarenta kilómetros por hora con un viento -a veces de frente, o a veces de lado- que me hacía tambalear la rueda delantera… mejor dejé que los ciclistas más valientes me rebasaran.  Yo consideraba que, una vez alcanzada la Cumbre de Esquipulas, la misión estaba cumplida y no quería arriesgar con una caída lo que había logrado, así que bajé con mucha precaución y tembladera de cuerpo hasta el punto donde nos reuniríamos todos para la entrada final a Esquipulas, en el Mirador.

Cuando me bajé de la bicicleta aún no era de noche; esa fué mi primera victoria en esta travesía.  Encontrándonos con varios amigos nos fundíamos en abrazos felicitándonos unos con otros, con sus familias, diciendo gracias por su apoyo, gracias por acompañarnos… ellos felicitandonos por lograrlo y nos calificaron hasta de valientes algunos.

UN FRIO RÉCORD NOS RECIBIÓ EN ESQUIPULAS

LLEGANDO AL FINAL

Llegando a Esquipulas, mi expresión muestra lo difícil que me fue soportar las bajas temperaturas combinado con el cansancio de terminar los 222 kilómetros.

Una vez don Rubén López llegó al Mirador y, llegada la noche, nos juntamos la mayoría, emprendimos el ingreso a Esquipulas donde nos recibieron con cohetillos… aunque algo faltó en la llegada.  El frío intenso era el común denominador, pero un tráfico excesivo de vehículos no nos permitió un ingreso cómodo como en otras ocasiones.  Al parecer alguien en la Municipalidad local no apoyó lo suficiente para esperarnos con la misma organización que encontré en 2013 y 2015, posiblemente porque hace poco hubo cambio de gobierno municipal, no se… algo sucedió.

Lo importante acá es que Dios nos permitió llegar con bien, sin caídas, sin mayores problemas a nuestra meta grande de inicio de año… nuestra Travesía Ciclista a Esquipulas.

En resúmen, logré llegar a Esquipulas con un tiempo de pedaleo de 9 horas con 40 minutos, esto me llevó 12 horas y media del día para lograrlo.

Ahora toca esperar la edición 45 de esta hermosa tradición que todos los ciclistas guatemaltecos esperamos.

VÉALO TODO EN VIDEO

Les comparto un video corto pero representativo de los momentos preciosos de una experiencia como la 44a. Travesía a Esquipulas.  Verán cuatro partes:  En la primera, de cuatro segundos, con suéter rojo de mangas largas durante el trayecto tempranero hacia Sanarate; luego me verán en el momento que termino la Cuesta del Ingeniero y finalmente, las dos últimas escenas -nuevamente abrigado con el suéter rojo- en pleno ascenso final hacia la Cumbre de Esquipulas.

 

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