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CICLISTA, ANTES QUE PERIODISTA 18 enero, 2011

Posted by ROBIN MARTINEZ in PURA INSPIRACIÓN!!.
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Cuando me inicié en el ciclismo, fué una cosa tristemente accidentada y una fecha con un mal recuerdo para mí.

Muchas cosas he sido en la vida desde muy joven.  A los nueve años me inicié como boy scout en un grupo cercano a mi casa; era en el grupo 13, donde los conocimientos acerca del escultismo sabiamente formaron muchas cosas en mí.  Puedo decir que la disciplina es una de ellas.

En diciembre de 1984, fuí con mis amigos Neftalí y Roger, a correr la Vuelta a Escuintla.

Siendo scout, llegó el año de 1981.  Para ser exactos, el 11 de septiembre; casualmente yo tenía once años de edad e iniciaron entonces actividades por conmemoración del mes de aniversario del movimiento scout en Guatemala.

Terminando la primera etapa de la Vuelta a Escuintla, 1984.

Para esa fecha, el 11 de septiembre, se organizó entonces una competencia de bicicletas donde participé con una bici que mi hermano René me prestó.  Una Benotto de media carrera, aros de hierro y asiento “de cartero” como popularmente le llamabamos en ese tiempo.

Meta de la segunda etapa en Escuintla, 1984.

Esa era la primera vez que me subía a una bicicleta con el afán de competir, aunque no me fué muy bien en el recorrido.  Debo ser honesto, que buscando la meta… yo iba en penúltimo lugar.

A pesar de ello, había emoción entre todos mis amigos que me esperaban unos 150 metros más adelante en la meta.  La razón de esta emoción, como cuando se espera a un verdadero campeón, era que quien venía en último lugar, detrás de mí, era un patojo de otro grupo scout (del grupo 14) muy cercano a la sede de mi grupo y con quienes teníamos mucha rivalidad.

Para la Vuelta de Novatos, en 1984, participé en el equipo "Algorta".

Allí estaba la competencia para nosotros:  ganarle al ciclista del grupo 14.

Resumiendo la historia, debo contar que mientras nos enfilabamos a la meta, yo volteaba a ver para saber la ventaja que yo le llevaba, era cosa de unos 15 metros.  En una de esas vistas hacia atrás, regresé lamirada al frente y solo recuerdo la parte frontal de un carro blanco… lo tenía frente a mí!!

Cuando abrí los ojos nuevamente, solo ví las puertas de la ambulancia cerrarse cerca de mi cabeza; escuché el sonido de la ambulancia empezar, y la camilla donde me llevaban, saltaba en el suelo del vehículo por causa de la velocidad y los baches que provocaban ese movimiento.

Volví a quedar inconsciente por un buen rato, para despertar nuevamente en la emergencia de un hospital.

No estoy en esta fotografía publicada en Prensa Libre en 1986, pero en el texto de la izquierda, mencionan el trabajo realizado por nosotros en el equipo Duralita. Allí aparezco mencionado como Luis Martínez.

Un policía inexperto le dió vía al conductor del carro blanco y cuando éste empezó a desplazarse, no se había percatado que veníamos dos ciclistas todavía.  Cuando estrellé la bicicleta de mi hermano del lado del piloto, yo pasé dando vueltas sobre el capó del carro, cayendo del otro lado… con una lesión en la cabeza; perdí dos dientes del frente y la memoria de los últimos dos segundos previos a mi caída.

En esta foto publicada por Prensa Libre en 1986, aparezco al extremo izquierdo (con gorra blanca). Un poco más adelante hacia la derecha, vemos a Amilcar Quicibal; detrás de mí, viene Mario Campollo; casi al centro, con casco blanco, mi amigo Otto Gramajo. Liderando el grupo, con suéter rayado, vemos a Amilcar Carranza.

De todo esto ya me repuse obviamente, con tantos años… pero queda un recuerdo como anécdota.  Pasé dos años con temor de andar en la calle, pero luego unos amigos me invitaron a dar unas vueltas en bicicleta cerca de mi casa; luego esos paseos se fueron extendiendo a lugares más lejanos, hasta que empezamos a salir fuera de la ciudad.

Uno de ellos me comentó que habría una competencia de ciclismo en el boulevard cerca de mi casa; una fecha de noviembre… creo que de 1983.

Con los nervios y la emoción de subirme a una bicicleta para participar en una competencia por segunda vez en mi vida, estaba dispuesto a superar el temor que el accidente de 1981 me había dejado.

Segundos antes de estallar mi tubular trasero, mi hermano Oscar tomó esta foto. Viendola, recuerdo esto: Uniforme prestado, bicicleta prestada, zapatos prestados... todo. Solo la voluntad era mía.

Esa mañana, junto a mi mamá estaba mi hermano Oscar, quien tomó una foto del momento emocionante que estaba viviendo, cuando repentinamente se escuchó un psssssssss.  Todos volteamos a vernos entre todos, como adivinando a quién se le había estallado un tubular.

Luego uno de los ciclistas que allí estaban detrás mío, me tocó el hombro derecho y me señaló la rueda trasera de la bicicleta que mi amigo Rony Escalante me había prestado para esta carrera.  Así me dí cuenta que el tubular estallado, era el mio.

Niño todavía, me dió coraje y tristeza y me puse a llorar.   Unos segundos después dieron el banderazo de salida y todos se fueron, menos yo.

Así dejé pasar unos meses, hasta que en febrero de 1984 mis amigos me convencieron de federarme.  Canallas los patojos!!! de todos mis amigos del barrio, solo yo me federé!!

Ya inscrito en la Federación de Ciclismo de Guatemala, se me indicó que me correspondía, por edad, competir en la Escuela de Ciclismo.  Nuestros circuitos se hacían en el Boulevard del Aeropuerto, que luego fué llamado Boulevard Juan Pablo II.  Cada sabado por la tarde, dabamos 20 vueltas al circuito.

Yo veía esas distancias como exageradas para mí!! realmente recorríamos un promedio de 35 kilómetros cada sabado.  Así estuve 2 años, en la Escuela de Ciclismo.

En 1986, la cosa cambió por edad.  Me correspondía competir con ciclistas de cuarta categoría.  Entonces usaba una bicicleta igual a la que me prestó mi hermano René y que destrocé en el accidente de 1981.  Una Benotto.

Como ya estaba federado, tenía derecho a utilizar las instalaciones del Velódromo La Aurora, que aunque estaba en ruinas, nos permitía trabajar para no quedarnos sin pista.  Viejita y torcida, pero era nuestro velódromo.

Entonces yo era estudiante de la carrera de Perito Contador.  En enero de ese año, mi rutina personal era llegar al velódromo a las 3 de la tarde todos los días.   Allí encontraba siempre a un grupo de cuatro patojos que eran dirigidos por un señor con anteojos y que tenía cara de enojado.  Como siempre me fijaba qué era lo que hacían, yo hacía lo mismo, pero sin interrumpir el trabajo de ellos; yo hacía lo mío en el otro extremo de la pista.

Aquí me ven, a los 16 años, con bicicleta nueva y el suéter del equipo Duralita.

Luego de dos semanas, durante un descanso, todos nos sentamos en la orilla de la pista del velódromo.  Este señor, llamado Miguel Hernández, les daba indicaciones, los regañaba, les daba terapias… etc.  En una ocasión, dirigió su mirada hacia mí y me dijo “vos, cómo te llamás?”   Robin, le dije.

“Mirá Robin, nosotros nos reunimos aquí para entrenar, porque estamos formando un equipo para la temporada, en la cuarta categoría.  Vos has mantenido el paso con nosotros, yo te he visto.

Te gustaría estar en el equipo con nosotros…?  eso sí, no hay sueldo.  Solo nos darán uniformes y tubulares.  Te parece?” me dijo.

Sin pensarlo dos veces, le dije que sí.  Fué así como ingresé al equipo Duralita junto a Luis Francisco Rodríguez, Francisco Layle, Victor González y un compañero más que ahora no recuerdo su nombre.

Esa tarde, cuando llegué a mi casa, conté mi aventura a mi familia.  A raíz de esto, mis papás dispusieron regalarme una bicicleta profesional.  La sorpresa se hizo realidad cuando me llevaron a la tienda de Vecesa y allí me dijeron que eligiera la bicicleta profesional que más me gustara y que me sirviera para competir.

Fiel con los años. Esta foto de enero de 2011, me muestra con la misma bicicleta que utilicé en 1986. Casi todo es lo mismo: misma bicicleta, mismo ciclista, mismo corazón... pero la pasión es más grande. Hoy, trabajo buscando llegar a la Vuelta a Guatemala.

Al día de hoy, es la bicicleta que utilizo para entrenar.  Con ella competí la temporada de 1986, compartiendo en el pelotón con aquellos a quienes años antes solo veía en la televisión cuando transmitían la Vuelta a Guatemala.

Me refiero a Victor Manuel Castañeda, Edin Roberto Nova, Leonardo Obispo, Celestino Santos y mi amigo Otto Gramajo.

Con mis amigos del barrio frecuentabamos mucho ir a ver las dominicales que se corrían en el Anillo Periférico.

Desde entonces, he vivido de todo.  He estado en la carretera como rezagado, fugado, caído, sufrido, todo.  He vivido la felicidad de ganar competencias, así como sufrir calambres y golpes de hambre en la ruta.

Todo esto me ha formado y madurado para sentir lo que hoy, a los 41 años de edad, vivo por el ciclismo.

Faltan muchas cosas por contar, pero no quiero hacer una historia muy larga.  Más contaré cuando me recuerde.

No me fué mal, pero pudo irme mejor.  Las prioridades en la vida, entonces dieron el primer lugar a mis estudios de contador.  Al año siguiente, ingresé a la universidad a estudiar Publicidad Profesional, luego en 1987 me convertí en fotógrafo y luego en periodista.

El resto, ya ustedes lo saben… creo yo.

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Comentarios»

1. E. SAN JUAN - 19 enero, 2011

Esta Historia no me la sabía… impresionante recorrido, no habia entendido muy bien eso de “ciclista antes que periodista” me cayo como balde de agua fria… y este que onda??? me dije -a mi mismo- ya se le subio el triunfo antes de tiempo… y si amigo, me quito el sombrero – cuál sombrero- en fin mis respetos my bro, insisto vos sos un caso extraordinario, asi que lo extraordinario, esta por venir, porque Dios hace maravillas extraordinarias, con personas extraordinarias, FELICITACIONES!!!!


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